
Hace unas semanas escuchaba un programa de radio en el que hablaban acerca de un estudio realizado con hombres de diferente nivel socioeconómico y cultural, todos ellos en edad casadera.
Llamaron mucho mi atención los resultados que reflejaba la encuesta, pues me di cuenta que a pesar de la «evolución» de la raza humana, la liberación femenina y nuestro anhelo de ser «iguales» a los del género masculino, ellos siguen buscando ciertas cualidades en la mujer que quieren para casarse:
- Atractivo físico, emocional y espiritual
- Capacidad de satisfacer sus necesidades de atención, comida, sexo, etc.
- Aptitud de hacerle sentirse cuidado, dándole un sentido de pertenencia a un hogar y permitiéndole tener paz
- Respeto de su masculinidad, que no lo compare con otro hombre o que lo ponga en evidencia
- Compatibilidad socioeconómica, en el sentido de que sea una mujer a la cual pueda proveer y darle el tipo de vida al que ella está acostumbrada
- Apoyo en su proyecto de vida
- Valores compartidos a la hora de formar una familia: una mujer que sea la madre de sus hijos
- Satisfacción: una mujer que él pueda hacer feliz, que no se queje constantemente
9. Respeto de sus pilares: su pasado, su familia, su trabajo, sus amigos y sus gustos - Comunicación compatible: una mujer con la que pueda comunicarse, intercambiar puntos de vista y tener confianza.
¿Piden demasiado? No lo creo. Porque estoy segura de que nosotras también tenemos una extensa lista de peticiones y requisitos.
No dudo que al leer lo anterior muchas mujeres respondan con un rotundo «no», pues creen que esas expectativas están pasadas de moda y reflejan un absoluto machismo. Sin embargo, son esas mismas mujeres las que se adolecen por hombres «verdaderos» que las valoren y aprecien, sin darse cuenta de que un hombre que busca una mujer como la que se ha descrito no es que sea machista; simplemente está expresando su naturaleza masculina, para que su futura esposa pueda expresar la plenitud de su feminidad.
Poder ser una mujer así va más allá de cualquier estereotipo o paradigma, porque esas cualidades no comienzan a desarrollarse a partir del matrimonio. Tienen que aprenderse mucho antes y practicarse en cualquier ámbito que la mujer se desarrolle: como ejecutiva, en la docencia, en la ayuda social o en el hogar.
Una mujer que tenga las características expuestas ni siquiera necesita un hombre para ser feliz… pero sin duda podrá ser una influencia positiva para cualquier hombre y le dará muchos momentos de gran felicidad.

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